Archive for 19 septiembre 2006

Los siete poderes de Alex Rovira

Martes 19 septiembre 2006

El último libro de Alex Rovira, Los siete poderes, va viento en popa y me alegro por él, porque es una de esas personas que son “buenas” y se le nota. Hace unos meses estuve en Expomanagement y la sesión que más me emocionó fue la de Alex. Se mueve bien en el escenario, controla los tiempos y es un conferenciante experimentado. Además, tiene cosas interesantes que decir, y sabe cómo venderlas bien.

Estas son algunas de las perlas del libro, basado en una historia que transmite la idea que, como decía Schopenhauer, “El destino baraja las cartas, nosotros las jugamos”:

sin retos, no podemos crecer. El miedo al fracaso mata la vida […] Si piensas que no puedes, no podrás. Si piensas que no te atreves, no lo harás. Si crees que estás vencido, lo estás […] La mayor derrota no consiste en no superar un reto, sino en no intentarlo siquiera. La batalla de la vida no siempre la gana el hombre más fuerte, el más ágil o el más rápido, sino aquel que cree que podrá hacerlo”.

“[…] por difíciles que sean las circunstancias que te rodean, hay que adoptar siempre una actitud positiva. […] la verdadera fuerza está en la acción, en el ensayo y en el aprendizaje del error”.

“con la vida, se nos dan dos dones: tiempo y libertad de elegir. Invierte el tiempo inteligentemente, pero sobre todo, elige según los dictados de tu corazón. Tu compasión puede regir no sólo tu destino, sino también el de muchos otros, ya que no estamos solos y todo cuanto hacemos afecta directa o indirectamente a los demás“.

“Tuyo es el reto; tuya debe ser la elección. Nadie puede decidir por ti, como nadie puede pensar, aprender ni buscar por ti”.

El destino es “aquello que seguro que te sucede si no haces nada para evitarlo”. La Tierra del Destino del libro es una metáfora de la inercia, de la vida en la que no hacemos nada para cambiar, para crear nuevas circunstancias que nos traigan la prosperidad, el bien común, la realización.

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Buenos propósitos para el curso que comienza

Martes 19 septiembre 2006

Me gusta El Economista. Es un diario bien hecho, popular-divulgativo, muy cuidado en imagen y que cuenta con grandes profesionales. Lo que habrá que ver es qué cabecera económica termina cayendo en el futuro, porque lo que está claro es que no hay nicho para todos los que están ahora.

El otro día me sorprendió gratamente un texto de Sonia Franco en este diario. Sonia ha trabajado durante más de 13 años en el grupo Recoletos y a finales de 2005 los señores Salas la ficharon para llevar la página web de El Economista (no en vano es ex-directora de Expansión.com).

Con buen humor y un estilo divertido, el texto dice lo siguiente:

He decidido no volver a ponerme metas que lo único que hacen es aumentar mi sentimiento de culpa. Ahora voy a trabajar en los cambios que quiero hacer en mi vida y concentrarme en que duren.

Hay muchas pequeñas cosas que nos gustaría cambiar en nuestro entorno, pero siempre nos faltan ganas, tiempo y/o energía. En el terreno laboral:

  1. Reevaluar nuestras carreras: ¿Estoy realmente haciendo lo que quiero? ¿Aprovecho al máximo el potencial de mis conocimientos y aptitudes?
  2. Seguir aprendiendo, ya sea dentro de nuestro campo laboral, poniéndonos al día de las últimas tendencias, o haciendo ese curso de historia del arte que tantas veces hemos aparcado…
  3. Organizar mejor el tiempo. Y no sólo para ser más eficientes, sino para tener ¡más vida!
  4. Dar un paso adelante: ¿Por qué no dejar de conformarnos con hacer lo que se nos encarga e ir más allá? Seguro que la empresa valora que seamos proactivos.
  5. Escuchar las críticas sin enfurruñarnos. Seguro que nos ayudan a mejorar.
  6. Conocer lo que valemos en el mercado. A lo mejor nos llevamos una sorpresa que nos ayuda a que nos suban el sueldo (si no, profundizar en los puntos 4 y 5)
  7. Mejorar las relaciones con nuestros compañeros y jefes.

¿Parece fácil, verdad? ¿Y por qué no habría de serlo? En el fondo, se trata de tomar el control sobre nuestras carreras profesionales y no dejar que el tiempo vaya pasando en balde.

"Si el empleado no rinde, vigile a su jefe"

Martes 19 septiembre 2006

El jueves 14 de septiembre, Silvia Dvorak ha publicado en el periódico Cinco días un interesante artículo sobre el Absentismo emocional. Está basado en un estudio de Gallup realizado durante los últimos 25 años, en los que encuestaron a más de un millón de trabajadores y 80.000 gerentes, con resultados como el de que tan sólo el 20% de los empleados dan lo mejor de sí mismo cuando trabajan.

Y Silvia, con buen olfato periodístico, pregunta sobre este tema a un simpre interesante Juan Carlos Cubeiro, que dice cosas como estas:

“El coste de oportunidad de un empleado presente pero no implicado totalmente es muy elevado en términos de productividad y beneficios empresariales. Además, en la actualidad las compañías no se conforman con la mera ejecución de tareas, sino que piden a sus colaboradores innovación, trabajo en equipo y orgullo de pertenencia”.

Según Cuberio, ‘la solución no se encuentra en firmar convenios colectivos, sino en tomarse a las personas y sus valores en serio”. Y según Sivia, “cada vez más empresas buscan el compromiso de sus colaboradores más allá de los tradicionales factores extrínsecos al trabajo -sueldo, estatus, planes de pensiones- y responden a las necesidades motivacionales que mueven a sus colaboradores en su puesto -plan de carrera, clima de trabajo, conciliación vida personal y profesional-.”

Cubeiro explica que el superior inmediato es la persona mejor situada para detectar una ausencia emocional repetitiva o permanente. ‘Los síntomas se manifiestan en tres niveles: la gestión de sí mismo, con falta de confianza o de autocontrol a la hora de expresarse; la gestión de las relaciones con el entorno, menor atención a las necesidades del cliente o del resto del equipo; y falta de creatividad, menor receptividad a aquello que sucede a su alrededor y escasez de ideas’, añade.

Las políticas de motivación basadas exclusivamente en recompensas económicas funcionaron y funcionaran si se busca el simple acatamiento de tareas. El compromiso, la fidelidad y la pasión de los empleados, por el contrario, no se compran tan fácilmente.

Y en el artículo de Dvorak, tras Cubeiro, aparece Marcus Buckinghan, que indica que ‘El 70% de los empleados que abandonan su puesto de trabajo es por problemas con su jefe’, y da un consejo evidente: ‘Si un empleado no rinde, primero observa a su jefe’. Evaluar y mejorar la calidad de los gerentes se ha convertido en una pieza clave de la gestión de los recursos humanos.

Buckingham concluye que ‘el empleado eficiente podrá elegir una empresa por sus líderes carismáticos, la generosidad de sus beneficios o sus programas de formación, pero su tiempo de permanencia en ella y su productividad dependerán de la relación con su supervisor inmediato’.

El Zen de la empresa (1)

Viernes 15 septiembre 2006

Alienta Editorial, el nuevo sello de Planeta dirigido por mi querida Carmen García-Trevijano, acaba de sacar a la calle un nuevo libro escrito por Yuki Ohiro y Francesc Miralles: El Zen de la empresa: soluciones sencillas para un mundo complicado. Después de los libros de éxito anteriores como NoMiedo, animo a todos a leerlo y para muestra, os avanzo algunos fragmentos:

  • Cualquier mejora que logre en su persona conducirá automáticamente a una mayor eficacia de sus colaboradores y a la buena marcha de toda la corporación.
  • «El arquero se apunta a sí mismo y se dispara a sí mismo.»
  • Cuando se deja de pensar en uno mismo, una enorme carga desaparece de nuestras espaldas, porque nada hay tan pesado ―y tan frustrante― como sustentar el propio ego.
  • El principal problema de este mundo es que los tontos y los fanáticos siempre están seguros de ellos mismos, mientras que la gente inteligente anda llena de dudas.
  • Para el hombre que sólo tiene un martillo como herramienta, cada problema le parece un clavo.
  • Una acusada miopía espiritual hace que juzguemos a las personas según nuestros propios defectos.
  • La mayor de las victorias es tomar el control de los propios impulsos.
  • Cada crisis es una oportunidad de engrasar las herramientas personales y subir el listón de lo que somos capaces de hacer. La muerte es el no conflicto.
  • Las personas que son incapaces de ponerse en el lugar de los demás tropiezan una y otra vez con la misma piedra y nunca llegan a entender donde estaba el error
  • Cuando una persona se centra en aquello que está realizando, de repente desaparecen todas las fricciones y lo difícil se vuelve fácil.
  • La sociedad occidental se ha vuelto experta en crearse más problemas de los que tiene y desea. Mantener una vida complicada es una gran manera de evitar cambiarla.
  • Los grandes éxitos empresariales que aspiran a consolidarse se basan en ideas muy simples. Puro sentido común.
  • El zen no sólo entiende por riquezas los ceros que se acumulan en la cuenta bancaria, sino también el respeto que se gana entre sus trabajadores y el resultado global de su actividad.
  • De nosotros depende que el centro de trabajo sea un lugar en el que sólo sucede aquello que es previsible ―y a veces ni eso―, o un zendo en el que florecen las iniciativas y se ponen en común para la buena marcha de la empresa.

Y como cierre: «Algunas personas ven las cosas como son y se preguntan: ¿por qué? Otras sueñan en cosas que nunca han sido y se preguntan: ¿por qué no?»
George Bernard Shaw

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