Las empresas que concilian son más productivas

El modelo económico de desarrollo español se basa en la creencia de que cuantas más horas dediquen los trabajadores a su profesión mayor será la productividad cosechada por las empresas. Sin embargo, los expertos coinciden en que se trata de un planteamiento equivocado: la productividad española sólo ha crecido un 0,9% en la última década, y ya se encuentra 16 puntos por debajo de la media de la UE de los Quince, según la OCDE. Está demostrado que las compañías que saben organizarse para que sus empleados concilien vida personal y laboral son las que obtienen mayores ratios de eficiencia. La satisfacción de las personas es imprescindible para su pleno rendimiento.

Los expertos lo vienen diciendo desde hace tiempo: “En el equilibrio se encuentra la virtud”, lo que se traduce en “ocho horas para trabajar, ocho para descansar y otras ocho para vivir, que al fin y al cabo es para lo que estamos aquí”, afirman. Este desequilibrio se agrava todavía más en el caso de España, el quinto país del mundo donde más horas pasan los profesionales en su puesto de trabajo.

Pero estar en el trabajo no es lo mismo que estar trabajando. “A diferencia de los países anglosajones o del norte de Europa, donde prevalece la dirección por objetivos, la cultura empresarial española todavía premia la presencia física de los empleados en el lugar de trabajo“, explica Alfredo Pastor, profesor de Economía del IESE. A su juicio, “la jornada laboral de muchos españoles es rígida y absurda”, puesto que “genera que se pierda mucho tiempo y energía en cuestiones que nada tienen que ver con la productividad”, como, por ejemplo, “las largas y redundantes reuniones o las copiosas comidas, ¡que a veces duran casi tres horas!”. Por ello, España se enfrenta al reto de abandonar la cultura de la presencia para profesionalizar la de la eficiencia.

Desconfianza laboral

En muchos ambientes laborales, lamenta Pastor, se suele “mirar con mala cara a quien decide salir a la hora que estipula su contrato o cuando simplemente ha concluido con sus obligaciones del día”. De hecho, continúa, “no se confía en los trabajadores ni se les da la oportunidad de hacerles responsables de sus respectivos cometidos”, con lo que “constantemente se les niega la posibilidad de demostrar lo que pueden llegar a hacer por la empresa”.

Todo ello provoca que el estrés forme parte de la rutina laboral de, como mínimo, el 30% de los trabajadores, según varios informes de consultoras de recursos humanos. De esta forma, “las empresas pierden el valor añadido que les debería generar su capital humano, lo que merma sus índices de productividad”. La Organización Internacional del Trabajo (OIT), por su parte, establece que el estrés provoca una pérdida económica entre el 0,5% y el 3,5% del PIB de un país. Pero “el poder para cambiar esta situación reside, sobre todo, en manos de los directivos, que son los primeros que menos concilian”.

Vía: El País / Imagen: Stock.xchng

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